EL “DOLOROSO” PURO

                                      

En los últimos días, hemos podido apreciar un gran logro en lo que se refiere a la lucha contra el maltrato animal, al haberse aprobado en nuestro país la nueva Ley de Protección Animal.

Al respecto, es interesante tratar un tema por el cual, quienes estamos relacionados con el manejo de caballos nos hallamos muchas veces cuestionados, como es el uso del arcial, acial o comúnmente llamado PURO.

El PURO es una herramienta muy común para el manejo y sujeción del caballo. Se trata de una cuerda en forma de lazo, con un mango de madera, el cual se coloca en el belfo (labio) superior del caballo y se tuerce en forma de torniquete. Dicho lazo comprime el belfo generando dolor en el animal y de esta forma se logra someter a éste.

En efecto, la descripción de dicha práctica podría resultar algo agresiva a los ojos de cualquiera. Sin embargo, no lo es del todo cierto y el uso de esta herramienta tiene precisamente fundamentos fisiológicos que lo avalan, al punto de estar autorizado como método de sujeción por distintos Comités de Ética y Bienestar Animal de distintas Universidades del mundo, para la realización de estudios e investigaciones que requieran la participación de caballos.

                                                      

Debemos tener siempre presente que cada animal, incluyendo los seres humanos, somos distintos anatómica, fisiológica y emocionalmente. Por ello es que las reacciones a los diversos estímulos (llámese físicos o farmacológicos) siempre serán variadas de acuerdo a cada individuo, a cada especie e incluso a cada raza.

Así podría mencionar por ejemplo que, hace poco recibía la consulta de una persona cuya mascota es un gato, el cual entre sus travesuras había “hurtado” e ingerido una pastilla de diazepam. Como sabemos, dichas pastillas tienen un efecto de sedante en las personas. Sin embargo, la inquietud de esta persona era que su gato se había vuelto “loco”… inquieto, hiperactivo, hiperexcitable. No entendía por qué estaba así su mascota. La razón es que, en los gatos, éste fármaco tiene un efecto contrario al que se da en humanos y, en vez de sedarlos y tranquilizarlos, los pone mucho más activos y más alertas. Curioso, ¿no?

Pero bueno, ¿qué ocurre en el caso del caballo y el uso del PURO? Definitivamente, si colocáramos un PURO sobre nuestra piel, sensible, delgada, sin protección alguna, es más que obvio que no solamente nos dolería en extremo, sino que además nos haría muchísimo daño. En el caballo eso no pasa, porque hablamos que su piel es muchísimo más gruesa, protegida por pelo y pigmentos que la hacen más resistente. Aunque OJO, hablo de “más” resistente, porque igual es susceptible a herirse si el uso del PURO es inadecuado… pero hablaremos de eso más adelante.

A esa resistencia de la piel debemos agregar que el caballo tiene una mayor tolerancia al dolor. Por ello es que, dentro de los mismos juegos que tienen entre ellos y que podemos observar en los haras (criaderos) está el morderse entre ellos, e incluso muchos caballos que llegan al hipódromo a veces quieren jugar con uno de esa manera, mordiendo, porque así se divierten y su piel y tolerancia al dolor se los permite.

A todo lo dicho previamente debemos sumar un mecanismo fisiológico propio de los caballos al cual se le conoce como “Inhibición del dolor a través del dolor”. Parece una locura, pero su fundamento científico se basa en que, ante un dolor extremo, los caballos tienen la capacidad de producir una gran cantidad de ENDORFINAS. Estas últimas son opioides naturales que el propio organismo produce y que actúan como neurotransmisores, siendo entre sus efectos principales la analgesia (desaparición de la sensación de dolor), la acción de calmante y la sensación de bienestar. En las personas, la producción de endorfinas se dan durante el ejercicio, la excitación, el dolor, el enamoramiento y el orgasmo, así que… podemos tener una buena idea de lo que siente el caballo, ¿no es cierto?

Entre los últimos estudios realizados sobre el uso del puro encontramos el del MSc. Ahmed Ali (Departamento de Ciencia Animal de la Universidad de Michigan y Departamento de Manejo y Bienestar Animal de la Universidad de El Cairo), en el cual observó y comparó el comportamiento y otras manifestaciones de dolor y estrés, en caballos que fueron sometidos a un procedimiento aversivo, con y sin el uso del puro. Los resultados obtenidos mostraron que los caballos SIN PURO presentaron un comportamiento de estrés y de dolor mayor, como por ejemplo movimientos violentos de la cabeza y variabilidad muy marcada en la frecuencia cardiaca. Por el contrario, los caballos a los cuales se les practicó el mismo procedimiento UTILIZANDO EL PURO, se mantuvieron tranquilos y sus constantes dentro de los rangos normales.

Por lo tanto, el puro, aunque parezca una herramienta agresiva o “brutal”, resulta ser un buen método de manejo y sujeción en los caballos, permitiendo un buen manejo del dolor ante otros procedimientos aversivos pero necesarios. Además, resulta ser mucho más seguro que otras formas de manejo como atar al animal o tumbarlo, los cuales atentan contra su integridad física pudiendo lesionarse éste.

Pero, siempre existe un PERO… “no todo lo que brilla es oro”. Como dije anteriormente, el puro debe utilizarse correctamente y eso, porque el efecto de las endorfinas es por un período reducido. 

                                                 

 

La PhD. Sue McDonnell, especialista certificada en Conducta Animal (Departamento de Bienestar Animal de la Universidad de Pensilvania), menciona que “Al igual que la sedación con un agente farmacológico, un PURO toma algún tiempo para trabajar”. Así mismo, indica que,  "Se tarda aproximadamente tres a cinco minutos para que las endorfinas liberadas alcancen niveles eficaces”. También indica que “una vez que las endorfinas del paciente son liberadas, el efecto dura aproximadamente 10 a 15 minutos. Después de las endorfinas se agotan y los niveles decaen”. Por lo tanto, cualquier procedimiento a realizarse empleando el puro, debe tomar como máximo ese intervalo mencionado. De lo contrario “el caballo deberá soportar el dolor del procedimiento que está en curso con un menor grado de analgesia natural para hacer frente a éste". Con respecto a la frecuencia de su uso, ella reconoce utilizarlo repetidamente en un mismo paciente, siempre y cuando sea necesario. Sin embargo, resalta que “debe observarse los efectos de sedación en el paciente (ojos vidriosos, labios caídos), y retirar el PURO antes de que el efecto desaparezca”. Si observamos que el caballo de pronto baja la cabeza o empieza a moverla de lado a lado y además emite sonidos, se debe tener mucho cuidado, pues es muy probable que el PURO ha dejado de tener efecto y se encuentre a punto de reaccionar. De la misma forma, el uso excesivo e innecesario podría provocar heridas en el belfo y, lógicamente su uso estaría restringido porque ya estaría generando lesiones indeseables.

Existen distintas presentaciones o variaciones del PURO. Entre ellas tenemos los de mango corto y de mango largo; con cadena en vez de cuerda; y, otros en forma de pinza o de “tijera”. Se menciona que los PUROS de mango largo permiten una mejor sujeción en caso el caballo sea muy alto o levante la cabeza. Sean de mango corto o largo, requerirán de 2 personas para su uso. Mientras, los PUROS en forma de pinza o de tijera son preferidos por los médicos veterinarios, principalmente porque no requiere de una persona adicional sino que el mismo profesional puede colocarlo y anclarlo a la jáquima. Todos los PUROS funcionan bajo el mismo principio descrito párrafos más arriba.

En conclusión, el uso del puro, más allá de lo impactante que pueda ser, permitirá que el caballo pueda beneficiarse con otros procedimientos adicionales a éste, como pueden ser procedimientos médicos por ejemplo, sin sufrir mayores incomodidades o situaciones de dolor y estrés. Sólo queda recalcar que debe utilizarse bien y todos aquellos “mitos” que lo rodean quedarán en el pasado.

Sabino A. Arias

Médico Veterinario

CMVP N° 5575

(c)MSc. Veterinaria, Medicina y Cirugía

 

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